Una actitud positiva en tiempos difíciles te ayudará a alcanzar el éxito

Muchas ideas innovadoras e historias de éxito han sido impulsadas por un factor determinante. La necesidad.

La necesidad es un agente que nos obliga a actuar, que no entiende de nada. Exige una solución, y rápida.

Bien dicen que la necesidad es la madre del ingenio

La misma circunstancia que nos aprieta es la que nos motiva a salir en busca del éxito.

Es en épocas de necesidad donde muchas personas han encontrado el éxito. Esta es una historia cuyo protagonista se vio impulsado por la necesidad. Y que en su camino encontró el éxito.

Lee Braxton, era hijo de un modesto herrero que apenas ganaba para vivir.

Era el décimo hijo de una familia de doce.

Me familiaricé con la pobreza en una época muy temprana de mi vida, cuenta Braxton.

Gracias a mi esfuerzo, conseguí superar el sexto año de estudios. Hice de limpiabotas, fui mozo, vendí periódicos, trabajé en una fábrica de tejidos, fui lavacarros y ayudante mecánico.

Al convertirse en mecánico, Lee pensó que había logrado sus máximas aspiraciones. Luego, contrajo matrimonio.

Y, junto con su esposa, siguió viviendo en medio de la escasez. Aunque ganaba muy poco y apenas le alcanzaba para mantener a su familia. Estaba acostumbrado a la pobreza. Le parecía imposible dejar de ser pobre.

Cuando vives una realidad durante años te resulta difícil darte cuenta que esa situación la puedes cambiar. Cuando has sido pobre durante años y el dinero no le ha sonreído a tu familia, creces con unos patrones mentales sobre el dinero.

Piensas que nunca serías capaz de ser millonario, que solo te conformarías con ganar un poco más de dinero que te permita pagar tus cuentas.

Si has pensado así déjame decirte que tienes mentalidad de pobreza, y no únicamente me refiero al dinero, sino al conformismo, al no creer que puedes lograrlo.

Los Braxton ya lo estaban pasando muy mal cuando, para completar la sensación de derrota, él perdió el empleo. Estuvo a punto de perder la casa al no poder hacer frente a la hipoteca. La situación parecía desoladora.

Pero Lee era un hombre de carácter. Era también un hombre religioso. Y creía que Dios es siempre un Dios bueno. Por consiguiente rezó, pidiendo su guía e inspiración.

Cómo en respuesta a su plegaria un amigo le proporcionó el libro Piense y Hágase rico.

Este amigo había perdido su empleo y su casa y se había sentido estimulado a recuperar su fortuna tras haber leído el mismo libro.

La vida primero nos habla, luego nos llama la atención, luego nos da un empujón, hasta que nos da una patada, y es cuando recién reaccionamos.

La vida nos manda señales pero nos rehusamos a prestarle atención, a entender que el camino que estamos tomando no es el correcto, nos rehusamos a cambiar de rumbo, y claro…después de todo lo que nos ha costado.

Entender que nos estamos equivocando de camino, no es fácil.

Lee Braxton a pesar de las complicadas circunstancias que le tocó vivir, no perdió la fe.

Tú tampoco pierdas la fe en ti, o la fe en Dios. Haz que actúen como una fuerza motivadora que te haga despertar con ganas de comerte al mundo, de ganar la batalla.

Cuando hacemos una petición a Dios, al universo, siempre obtenemos las respuestas. Pero pocas veces nos damos cuenta que nuestra petición ya ha sido respondida.

Viene de diferentes formas. Y hasta el silencio también es una respuesta.

Ahora Lee estaba preparado. Leyó el libro una y otra vez. Estaba buscando el éxito económico y se dijo a sí mismo.

“Me parece que hay algo que tengo que hacer. Ningún libro lo hará por mí.

Lo primero que debo hacer es desarrollar una actitud mental positiva en relación con mis aptitudes y mis oportunidades.

Tengo que elegir sin falta un objetivo en concreto. Y cuando lo haga he de apuntar más alto de lo que jamás haya hecho en el pasado.

Pero tengo que poner manos a la obra. Empezaré con el primer empleo que pueda encontrar.”

Buscó un trabajo y lo encontró. Al principio no era muy lucrativo. Sin embargo, pocos años después, Lee Braxton se convirtió en presidente del banco de su poblado, fue elegido alcalde de su ciudad y participó en muchos y muy buenos negocios.

Y es que Lee había apuntado alto, mejor dicho, muy alto.

Se había propuesto el objetivo de ser lo suficientemente rico como para poder retirarse a la edad de cincuenta años.

Alcanzó su meta a los cuarenta y cuatro años con una considerable fortuna y unos magníficos ingresos propios.

El primer paso que debes realizar es tener tu objetivo claro. Saber hacia dónde quieres apuntar. Y apuntar tan alto como puedas.

No te olvides que tu actitud condiciona tus decisiones y ellas a su vez tu futuro. Por eso recuerda andar ante la vida con una actitud positiva y cargada de buena vibra.

Toma la decisión de actuar, no esperes que alguien lo haga por ti, el único que puede ayudarte eres tú mismo.

Seguro que en el camino aparecerán miedos, trabas pero has que tu deseo por verlo materializado sea más grande.

Que no se quedé como un ideal, llévalo a la acción, llévalo a cabo desde ya.

Mira las oportunidades que te da la vida y aprovéchalas. No por ser pequeñas o no ser como quisieras las debes desechar. Toma las oportunidades cuando se te presenten.

Que mejor es equivocarte que vivir arrepintiéndote por lo que no hiciste.

Recuerda que es un proceso gradual, no porque lo desees con todas tus fuerzas se va a realizar en el momento en que tu quieres. Sé paciente y espera lo que haga falta, porque la fe que mantengas te llevará al cumplimiento de tus metas. Que la paciencia, constancia y la fe sean tus aliadas.

Plantéate un objetivo, una meta, un sueño desde el principio.

Apunta alto, asegúrate que en este momento la sientas como inalcanzable.

No esperes que alguien venga a solucionar tus problemas, sé tú mismo quien las resuelva.

Toma acción, no dudes, empieza a tomar las oportunidades que se te presentan a si pienses que sean pequeñas, todo sumará al resultado que buscas.

Sé constante y paciente y absorbe todo conocimiento que te ayude en tu crecimiento personal. No dejes que tu fe se debilite, aliméntala cada día.

Y por último no te olvides de disfrutar el proceso, porque si emprendes con angustias, te enfocarás en lo negativo y no veras las bendiciones de cada día.

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