Tal y como suele decirse, los chismosos no saben ser felices

Tal y como suele decirse, los chismosos no saben ser felices


Tal y como suele decirse, los chismosos no saben ser felices. Están demasiado ocupados en camuflar sus amarguras en tareas vanas y superfluas donde validar inútilmente sus autoestimas. El chisme se convierte en muchos casos en un mecanismo de control social que otorga cierto poder a quien lo practica. Se posiciona en el centro de atención de ese grupo de personas receptivas siempre a cualquier chisme, a cualquier información sesgada, con la cual, salir de sus rutinas y aprovechar ese estímulo nuevo a modo de distracción. La psicología del chisme y de los rumores está de plena actualidad. Pensemos, por ejemplo, lo rápido que llega a «contagiarse» un rumor fundado o infundado en el mundo de las redes sociales. Internet es ya como un auténtico cerebro donde los datos campan como neuronas interconectadas para nutrirnos con una información que no siempre es verdadera ni es respetuosa con los demás.

Cuenta la historia que un día un conocido de Sócrates le preguntó:

¡Sócrates! ¿Sabe lo que acabo de escuchar de uno de sus estudiantes?

Espera – dijo él – antes de que me cuentes nada me gustaría hacerte tres preguntas. La primera está relacionada con la verdad, ¿estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?

No – respondió el conocido – acaban de contármelo.

Vaya, no sabes si es cierto no, de acuerdo, ahora la segunda pregunta. Está relacionada con la bondad, lo que vas a decirme de mi estudiante, ¿es algo bueno?

No… – respondió.

Así pues – interrumpió Sócrates – vas a decirme algo malo de otra persona sin saber si es verdad o no. Veamos, la tercera pregunta está relacionada con la utilizad, lo que vas a contarme, ¿será provechoso para alguien?

En realidad… no…

Bien, bien – respondió el filósofo – quieres contarme algo que no sabes si es verdad, tampoco es bueno y no sirve de provecho. Entonces, ¿por qué hablar sobre ello? ¡Vete de aquí con tus infundios y bulos!

Sin duda alguna, Sócrates era un hombre inteligente. Lo queramos o no, nuestra sociedad está construida a base de relaciones de poder donde los chismes y rumores son auténticas armas arrojadizas. Las verdades manipuladas son útiles para muchas personas, logran posicionarse con ellos y obtienen beneficios muy concretos.

Así pues, es necesario que seamos siempre ese oído inteligente que actúa como barrera, que frena el agravio, el sin sentido, la información falsa y la chispa de ese incendio que siempre ansía llevarse a alguien por delante. La epidemia de los rumores solo termina cuando por fin, llega al oído de la persona inteligente, a ese corazón vacunado que ni atiende ni responde a lo que no tiene sentido.



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