Ser señalado como un adicto al trabajo no está mal visto por la sociedad

En nuestro entorno, se aprueba el sacrificio personal relacionado a trabajar más horas de las que se requiere, y con mayor intensidad, descuidando la vida personal. E incluso, es normal no pasar tiempo de calidad con la familia, los hijos o la pareja.

Ser adicto al trabajo, un término que también se conoce como “workaholism”. Aunque a simple vista esto pueda verse como una ventaja, ya que trabajan y producen más, en su vida personal los workaholism tienen bastantes problemas.

El adicto se vuelve una persona muy intensa que busca llevar a cabo sus responsabilidades laborales de una forma compulsiva.

Esto es un problema, ya que suele ser una de las excusas que se pone un adicto al trabajo. “Lo hago por ustedes” es una de las frases que más repite. No importa que esté enfermo, que tenga vacaciones o que el horario laboral esté limitado a 8 horas. El adicto hace horas extra, acude al trabajo aun estando muy mal y, si puede, rechaza las vacaciones.

Trata de mantener un equilibrio entre tu vida personal y tu trabajo, y no descuides ni una, ni la otra

A continuación, una historia que nos hará reflexionar acerca de la importancia que tiene la familia aún más que el bendito trabajo:

Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:

– ¿Cuantas piedras piensan que caben en el frasco?

Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco.

Luego preguntó:

– ¿Está lleno?

Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió:

– ¿Está lleno?

Esta vez los oyentes dudaron:

– Tal vez no.

– ¡Bien!

Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

– ¿Está bien lleno? preguntó de nuevo.

– ¡No!, exclamaron los asistentes.

Bien, dijo, y cogió una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba. – Bueno, ¿qué hemos demostrado?, preguntó.

Un alumno respondió:

– Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.

– ¡No!, concluyó el experto: lo que esta lección nos enseña es que, si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?

¿Tus hijos, tus amigos, tus sueños, tu salud, la persona amada? ¿o son tu trabajo, tus reuniones, tus viajes de negocio, el poder o el dinero? La elección es tuya. Una vez te hayas decidido…, pon esas piedras primero. El resto encontrará su lugar.

Algunas de las estrategias para limitar el exceso de trabajo al que tiende un adicto es rediseñar los puestos, flexibilizar los horarios, obligar a realizar pausas y promover el trabajo cooperativo.

Tal vez tu trabajo se haya convertido en tu refugio porque te agobia la idea de quedarte sin dinero o, quizás, sea una manera de escapar de las discusiones que hay en tu casa.

Sea como fuese, hay solución para esto. Toda adicción es un problema y, aunque la evadas, es necesario resolverla, empieza ahora.