Señor depresión no te quiero más en mi vida

«Si siento depresión, cantaré. Si siento tristeza, reiré. Si me siento enfermo duplicaré mi trabajo. Si siento miedo seguiré adelante. Si me siento pobre pensaré en la riqueza. Si me siento insignificante recordaré mis metas». Og Mandino.

Señor depresión se levantó esta mañana cansado como de costumbre, que raro…

Hoy sonrió de casualidad, pero solo porque sabía que este día sería el mismo día de todos los días, señor depresión tiene que lavarse los dientes y hasta eso le da pena.

Señor depresión quiere vida nueva y se cansa de tener que sufrir día a día el desconsuelo del simple hecho de existir, de haber nacido, de haber sido traído al mundo.

Señor depresión quiere no tener más depresión porque sus días son oscuros e interminables y su corazón solo sufre taquicardias de angustia contenida porque se debe liberar de alguna forma, de alguna manera.

Señor depresión quiere ahogarse en un vaso de agua, porque lo ve más lleno que vacío.

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Pobre señor depresión, han pasado 6 horas desde que se levantó y ni siquiera se ha preparado el almuerzo, quizás como de costumbre de nuevo no comerá.

Señor depresión no sabe que hará en las siguientes 6 horas para acabar el día, y pensar que son 6 horas más, el señor depresión como siempre se quiere suicidar.

Señor depresión tiene miedo, sigue caminando de una esquina a otra en la casa haciendo sonar la madera del piso maltrecho… a las 8 de la noche, prender la tele o la radio, lo llenan de temor, ya no quiere escuchar las noticias, ni leer el diario, todo es miedo en su vida.

Señor depresión quiere volver a la cama, su día como de costumbre ha sido un desastre, no hacer nada también lo deprime más, y hacer algo le deja mal sabor de boca.

Con esta cama ¡Adiós floreja! Despierta porque te despierta

Señor depresión tiene pijamas rotas, calcetas rotas, calzoncillos rotos, tazas rotas, botellas vacías, café cortado, pan duro, cebollas podridas, cecinas malolientes, y algunas galletas rancias.

Hoy desperté con ganas de sacarlo de mi cuarto, de mi hogar , de mi vida. No quiero ver más al señor depresión, pero insiste en quedarse.

Decidí buscar ayuda, contarle a alguien todo sobre él, me dijeron que le proponga hacer ejercicios, al principio se negó, pero al cabo de unos días terminó aceptando a pesar de aburrirle la idea.

Además lo he llevado a pasear por el parque y le invité unos helados, probó solo un poco y tiró el resto, pero me di cuenta que lo disfrutó.

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Le preparé alimentos nutritivos, dice que no le gustan y come poco, pero con paciencia y perseverancia, he logrado que pida repetición.

También he decidido pensar en todas las cosas buenas que veo en el mundo y en mi vida, y se las voy contando todas las noches al señor depresión hasta que se queda dormido con una gran sonrisa.

Debo reconocer que no ha sido fácil, pero poco a poco, veo cambios en él, es más divertido ahora, ya no lo reconozco. Incluso hoy al despertar vino corriendo a pedirme que deje de llamarle Señor depresión.

Hoy quiere ser llamado Señor fortaleza.

 

Adaptación de un cuento publicado en Falsaria.

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