Máscaras vemos, corazones no sabemos

Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo. Mahatma Gandhi .

La vida te sorprende.

Porque no siempre puedes adivinar las intenciones de las personas,

Porque, a veces, confías ciegamente en tus amigos y seres queridos.

Porque diste lo mejor de ti y no recibiste el mismo trato.

¿Y por qué desconfiar? si aparentemente… se trata de gente de confianza, ¿no?

Pero sabes… lo mejor es seguir adelante, con la tranquilidad de que tu forma de actuar fue sincera y leal.

Del resto se encarga la vida, no tú, tú debes enfocarte en ti y caminar hacia tu propia felicidad.

Además no  siempre te toparás con personas así, también existen personas con grandes valores que en el camino conocerás, todo sucede a su tiempo.

Después de todo, eso es lo maravilloso de este mundo, que las buenas experiencias endulzan cualquier amargo momento.

Estos son dos fábulas de esopo que seguramente te harán reflexionar y te encantarán:

El águila y la zorra

Un águila y una zorra se hicieron mejores amigas, y decidieron vivir juntas con la idea de reforzar su amistad.

El águila escogió un árbol muy alto para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unos arbustos sobre la tierra al pie del mismo árbol.

Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre los arbustos, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías disfrutaron de un gran banquete.

Cuando la zorra regresó, se sintió muy triste y le dolió más no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños.

¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela?

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Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lo lejos a su enemigo.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad.

Cierto día, se encontraban en el campo unos pastores sacrificando y quemando a una cabra, al ver esto, el águila cayó rápidamente sobre ella y se llevó una parte del animal, que aún conservaba un poco de fuego, y dejó caer el pedazo de carne sobre su nido.

Sopló un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar,  y por ello terminaron cayendo al suelo.

Corrió entonces la zorra, y tranquilamente devoró a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga.

Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.

El asno y la zorra

Un asno y una zorra decidieron salir juntos de caza con la promesa de protegerse el uno al otro ante posibles enemigos.

En su marcha, se encontraron con un león agotado y hambriento, que de inmediato se felicitó por su buena fortuna ante aquellas apetitosas presas que la providencia había puesto ante él.

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La zorra, ante el temor de ser devorada, se acercó al león y le dijo al oído.

Si no me haces daño te ayudaré a capturar al asno sin esfuerzo

Cerrado el trato, la zorra se dirigió al asno y le propuso ocultarse en un foso, ya que de este modo permanecería oculto a los ojos del león y estaría seguro.

El asno, confiado en la palabra de su amiga, se escondió en el foso, quedando así atrapado a la merced del león. Cuando éste se aseguró de que el asno ya no podía escapar, clavó sus garras en la zorra por ladina y traicionera.

¿Pero qué haces?” –gritó la zorra- “¿No éramos amigos?

Traición bajo amistad es doble maldad. Ahora tienes lo que mereces.

No confíes en quien traiciona a sus amigos porque mañana lo hará contigo.

 

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