Cómo debes empezar tu día

Mario Benedetti tenía varios consejos sobre cómo empezar el día:

Que tengas un gran día a menos que tengas otros planes.

Esta mañana desperté emocionado con todas las cosas que tengo que hacer antes que el reloj sonara.

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Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día está lluvioso o puedo dar gracias porque las plantas están siendo regadas.

Hoy me puedo sentirme triste porque no tengo más dinero o puedo estar contento porque mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

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Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo auto compadecerme por no tener muchos amigos o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy puedo chillar porque tengo que ir a la escuela o puedo abrir mi mente enérgicamente y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente y cuerpo.

Hoy el día se presenta ante mí esperando a que yo le dé forma y aquí estoy, soy el escultor.

Lo que suceda hoy depende de mí. Yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.

Que tengan un gran día a menos que tengan otros planes. Y créanme cuando les digo que si solo se trata de lamentaciones y auto compasión, no llegarán muy lejos.

Cuando un hombre se levanta de buen humor y con una sonrisa a laborar, el sol brilla para él sin importar el frío, los nubarrones o las tormentas. Pero aquel que lo hace deprimido, agotado y sin entusiasmo crea una incesante lluvia sobre su cabeza que se le queda pegada como si fuera una sombra.

Y esos malos sentimientos se esparcen por todo su trabajo. Sus obras son tan amargas como él, sus intentos siempre fallan por su pesimismo, sus frutos no le causan placer y son muy pocos, su ira envenena a los que lo rodean. Cuando esa rabia y frustración son consumidos, los que sonríen cada vez que madrugan, los que aman lo que hacen sufren las consecuencias porque los destruye una mala vibra.

Si hay tormenta sobre tu cabeza, crea un sol que la disperse; si tu corazón se siente pesado, piensa en qué o quiénes lo hacen ligero; si tu mente esta cegada por la negatividad, busca razones que te den positividad. Que no sea una distracción o algo pasajero, sino un símbolo que te dé fuerza y motivación. Puede ser tu familia, tus amigos o incluso los sueños que quieres hacer realidad.

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